“El hombre nuevo se construye varias generaciones atrás”
Ernesto “Che” Guevara
La amenaza militar imperial de los EE.UU. sobre Latinoamérica, con objetivos en Venezuela y Colombia, es una realidad inocultable. Con la excusa de acabar con los “carteles de drogas”, Trump y el resto de fascistas nos están arrastrando a una espiral de eventos que, como lo ha demostrado la historia, puede concluir en una guerra que destruya nuestro futuro como naciones libres y soberanas. El imperio y su crisis estructural buscan en las riquezas de Latinoamérica paliar su déficit y enfrentar los desafíos que le imponen los BRICS, que abren al planeta a un nuevo modelo económico y multilateral que acabará el dominio del capitalismo occidental en su fase neoliberal. El genocidio continuado en Palestina o en Sudán, a la vista del orbe, ha demostrado que organismos como la ONU o la Corte Penal Internacional (CPI) son convidados de piedra con las manos amarradas para detener cualquier agresión imperial, y que el riesgo de una agresión militar en Suramérica es más que probable.
Todos los carteles a nivel mundial son manejados desde los centros bancarios y empresariales con eje en los EE.UU., Inglaterra, el ente sionista de Israel y otros en occidente; mantienen una estructura armada “legal” como la OTAN al servicio de dicho proyecto. Es fundamental entender que la cocaína obtiene ganancias de menos del 2% para los países productores; los países de tránsito y distribución, entre el 8% y el 15%; y los países consumidores se llevan entre el 85% y el 90% de las ganancias, como en los EE.UU. La estructura del cartel más grande del planeta es: el empresariado y los bancos del sistema financiero global, con la DEA como agente de distribución, control y sostenimiento de los precios. Es decir, con variables más o menos fijas, la economía de los países consumidores es quien recibe el beneficio económico masivo, con lo que financian guerras, genocidios, dictadores y organizaciones criminales a nivel mundial.
La forma maniquea con la que se maneja el discurso de las drogas por parte del actual gobierno colombiano, y que ahora se le regresa a Petro como un búmeran por una supuesta relación con narcotraficantes y por permitir el crecimiento de la producción de cocaína, termina con la inclusión del mismo Petro, familiares y círculo cercano en la “Lista Clinton”. Hay más personas cercanas a Petro en la lista, que miembros de las insurgencias. No estamos convalidando este mecanismo de presión del impero; solo estamos demostrando la falsedad del discurso del gobierno que, en comunicado del embajador de Colombia en los Estados Unidos, Daniel García-Peña, ratifica y defiende la lucha antidrogas como el bastión y soporte de las “buenas relaciones”, coordinación y compromiso firme entre los dos gobiernos. Demuestra que la línea ordenada por Petro es la continuación del arrodillamiento y sometimiento de la nación a los intereses de los EE.UU. En un momento histórico de agresión contra nuestro continente, levanta la espada de Bolívar solo para engañar y hacer propaganda, babas al aire para venderse como rebelde mientras, se mantiene la historia de sometimiento y genuflexión ante el imperio. El presidente se vende como enemigo del narcotráfico, solo en apariencia, porque nunca dice nada de los “dealer” (seguramente uribistas), que lo mantienen como asiduo consumidor.
Los EE.UU. le aplican a Petro la misma táctica de desacreditarlo para atacarlo; de la misma manera que él la utiliza contra nosotros, en todos los medios de comunicación y redes dice que las FARC EP somos narcos y nos sigue asociando a la tal Junta del Narcotráfico, con el objetivo de ocultar nuestra naturaleza política revolucionaria y justificar ataques militares, bombardeando niños y civiles en las selvas de Colombia para presentarlos como guerrilleros.
En el pasado, Uribe y Duque hicieron lo mismo, bombardearon campesinos y asesinaron niños. Petro los denunció en el Senado. Pero hoy, los discursos hipócritas, rasgándose las vestiduras por los niños de Palestina y por el asesinato de pescadores en lanchas en el caribe, mientras asesina niños que visitan a sus familiares, guerrilleros enfermos o heridos en hospitales móviles de las FARC EP. Nos recuerdan estos hechos, el asesinato por parte de la FF.MM. de la hija del camarada Simón Trinidad, que fue a visitar a su madre a un campamento, y por medio de un dispositivo satelital que le instalaron a la menor, ubicaron el campamento que luego bombardearon, asesinando a varios guerrilleros, a la niña y a su madre. Ese crimen y los de ahora, no se pueden vender como que las FARC EP utiliza niños como escudos. 10 niños asesinados en bombardeos en Amazonas y Guaviare, presentados como guerrilleros solo demuestra la falsedad del discurso de Petro ante la ONU.
¿Cree el presidente que los gringos lo van a dejar de intimidar, por matar revolucionarios y niños en la selva? ¿No entiende Petro y sus seguidores que somos los guerrilleros de las FARC EP, con años de experiencia, los más capaces y experimentados para enfrentar a las tropas gringas que entren al país? O ¿esta Petro atacando a la fuerza guerrillera de las FARC EP, en cumplimiento de ordenes imperiales como ejercicio de ablandamiento previo al ataque a nuestras naciones?
Hoy, que la criminal presencia de las fuerzas militares de los Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico se hace evidente, queda clara la verdadera razón con la que los EE.UU. y la Unión Europea han impuesto por años una política antidrogas absolutamente hipócrita y dañina para nuestros pueblos.
Queremos recalcar que el narcotráfico, desde los años 70, fue parte de la estrategia anticomunista solapada para crear fuerzas y dinámicas represivas de control sin necesidad de utilizar referencias políticas, sino acudiendo estrictamente a lo criminal del negocio. De esto conocemos casos emblemáticos como Irán-Contras en Centroamérica, o en Colombia con el surgimiento del paramilitarismo para el empoderamiento de corrientes fascistas entre civiles y en los estamentos de todas las fuerzas armadas latinoamericanas, con innegables vínculos estatales que, desde el narcotráfico, terminaban siempre favoreciendo a las derechas.
Solo entendiendo que no ha sido un fenómeno, sino un diseño (Pentágono, CIA, DEA), podemos partir de la “verdad verdadera” para encontrar un hilo conductor del problema y de una posible solución.
Dado que estamos a las puertas de una intervención militar en nuestro país, y la justificación de los fascistas es la lucha contra el narcotráfico —del cual son los principales beneficiarios—, es necesario construir un marco de discusión del fenómeno desde y para Colombia, que pueda trascender al mundo. Si de política antidrogas se trata, es necesario acudir a los mejores estudios que, de manera científica y sociológica, permiten clasificar al ALCOHOL como la droga que ocupa el primerísimo puesto en la escala de afectaciones sociales; toda vez que las bebidas alcohólicas son el principal precursor del narco consumo, mercado sin el cual sería imposible el narcotráfico. Y que, innegablemente, el maridaje alcohol/cocaína, presente en todas las “Zonas Rosas” o “Cuadra Picha” (según el estrato), es de lejos el negocio más rentable, que afecta a cerca de la tercera parte del PIB y que está en manos de bandas criminales, empresas del Estado (licorero cantinero) o burguesía monopólica transnacional (ej. Bavaria SABMiller, InBev, etc.).
Proponemos, como revolucionarios, que de una vez por todas cojamos el toro por los cuernos. Señor presidente, de lejos, el consumo de bebidas alcohólicas es una de las principales causas de empobrecimiento y dominio sobre nuestra clase trabajadora, con terrible afectación en la vida de las familias y, en particular, en la niñez.
Bien lo dijo el Libertador: “Seremos dominados más por la ignorancia y los vicios que por la fuerza de las armas”. Por lo cual también expresó: “¿Qué daría yo por prescindir de las rentas del alcohol?” (palabras sabias que, aun suponiendo no ciertas, no dejan de ser verdaderas).
Señor presidente, hagamos un llamado al país entero y a todas las fuerzas vivas de la nación para que el tema de la producción, comercialización y consumo de bebidas alcohólicas sea incluido y discutido como base de una Nueva y Verdadera Política Antidrogas, y en pro de un Gran Acuerdo Nacional por la Paz Total, la Convivencia y la Seguridad de nuestros conciudadanos; pero, principalmente, para no seguir envenenando las mentes de nuestra niñez y adolescencia con la “normalidad” de una droga llamada alcohol. Para ello, proponemos, de entrada, un ambicioso programa educativo anti-cantinero para la sustitución del negocio y que beneficie a todos los trabajadores y pequeños empresarios que resultaren económicamente afectados.
Señor presidente, seguir asesinando niños en las selvas de Colombia para satisfacer los intereses imperiales no lo hace distinto de los gobiernos que lo precedieron en la derecha criminal. Es fundamental construir, en medio de las amenazas contra nuestra nación, un gran diálogo que desnude el modelo criminal que aún impera en nuestra patria y que nos mantiene sumidos en la pobreza. Cuando las bombas del imperio empiecen a destruir la patria, sabe usted que somos los guerrilleros quienes enfrentaremos a las hordas imperialistas. ¿Cuántos al interior de las Fuerzas Militares que hoy comanda serán leales a la patria y no a los gringos que les han dado instrucción y han modelado su ideología?
Petro, seguir acusándonos de narcotraficantes al estilo uribista y tratar por todos los medios de ocultar nuestra naturaleza como actores políticos y revolucionarios no es la salida; así como postergar la discusión de fondo del fenómeno del narcotráfico y su precursor, el alcohol, como medio de control social de los sectores populares. Esto es solo alargar el dolor y la tragedia para muchas familias: hacer eterno el temor para muchas mujeres que observan cómo su ser amado se convierte en su asesino luego de una borrachera; o un conductor al volante, en la máquina de la muerte que se llevó a su hijo. Este escenario, creemos, podría hasta permitirle a usted hacer públicas sus adicciones y, como todos los que cargan el flagelo de las drogas, entender que no es un problema personal, sino un plan orquestado para transformar ciudadanos en víctimas, bajo una táctica de control sobre los seres humanos. El dedo acusador debe pasar del borracho y el consumidor, a la empresa criminal que está detrás; en ese orden, podremos empezar a develar el plan de control del imperio sobre nuestros pueblos que hoy nos amenaza en el Caribe y el Pacífico.
Por último, volvemos a ratificar al pueblo de Colombia y de Latinoamérica que nuestras armas, intelecto y espíritu de lucha estarán presentes en la contienda antiimperialista con que nos amenazan los fascistas del imperio del norte.
Desde las montañas y ciudades de Colombia,
SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL
FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA EJERCITO DEL PUEBLO
FARC EP