Al pueblo colombiano, a los movimientos sociales, a los pueblos indígenas, comunidades negras y campesinas; a las naciones y gobiernos del mundo. Nosotros, quienes durante décadas hemos levantado nuestra voz y nuestras armas por la justicia social, la soberanía nacional y la dignidad, presentamos este documento como recuento de una historia de engaños, traiciones y guerras impuestas que se han impulsado por décadas en nuestro país, y esperamos que un nuevo gobierno sepa superar.
A lo largo de nuestra historia como organización político-militar, siempre hemos mostrado una disposición permanente a solucionar el conflicto colombiano por las vías políticas. Lo demostramos desde los diálogos de La Uribe, en el Caguán, y en cada intento público o privado de diálogo. Pero una y otra vez el establecimiento, con la complicidad activa de los gobiernos de turno y bajo la presión directa del imperialismo estadounidense, nos ha arrastrado a la guerra. Este gobierno no fue la excepción: desató una campaña propagandística que busca reducirnos a una simple organización armada, dejando a un lado los debates de fondo que planteamos. Mientras extendimos la mano con nuestra propuesta política, fuimos víctimas de un plan de ruptura que se aplicó también a otras organizaciones insurgentes. Esperamos que el próximo gobierno rompa con la historia de traiciones y apueste de manera firme por la solución política como único camino para dignificar la vida de los colombianos, y que vaya más allá del pregonado “cumplimiento del acuerdo de 2016”, y logre un acuerdo incluyente que de manera pronta siente las bases para iniciar las transformaciones estructurales que necesita nuestro país: un proceso constituyente que desmonte el paramilitarismo estatal, reforme la fuerza pública para ponerla al servicio del pueblo y no de las élites, garantice justicia social y ambiental frente al extractivismo depredador, y asegure el cumplimiento estricto de derechos a toda la población colombiana.
Un gobierno que ponga fin al servilismo hacia Estados Unidos, que tanto daño le ha hecho a Colombia, y desmonte uno a uno sus métodos de injerencia, promoviendo una política exterior soberana, alineada con los pueblos de Nuestra América y no con los intereses de Washington. Que tenga la gallardía de abandonar definitivamente la guerra contra las drogas, que se usa como excusa para la militarización y la persecución de humildes cultivadores o líderes sociales, y se siente con las comunidades directamente a construir una propuesta seria que ponga fin a este flagelo.
La historia nos ha enseñado que ningún gobierno, por más alternativo que se proclame, hará los cambios estructurales por sí mismo. Se requiere, como fuerza garante, la movilización popular que presione a las élites que no permiten gobernar en favor del pueblo.
Los colombianos hemos conocido décadas de guerra. Decidir bien y atreverse de manera seria a construir la paz con justicia social, y convertir la Patria Nueva en anhelo nacional, es nuestro deber. De nuestra parte, seguiremos en resistencia contra el militarismo y la subordinación al imperio estadounidense, y de la mano de las comunidades, construyendo poder popular. Sabemos que los colombianos, dotados de la sabiduría propia de quien ha resistido y construido patria, entienden que sus decisiones políticas deben estar apartadas de las posiciones guerreristas y contrarias a sus intereses, ideas promovidas por muchos candidatos en estos días. Esperamos que las buenas decisiones nos lleven a tener un gobierno con más gallardía para enfrentar los desafíos que supone cambiar la realidad del país.
Pueblo y dignidad: ¡Manuel Marulanda vive, la lucha sigue!
ESTADO MAYOR CENTRAL
FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA – EJÉRCITO DEL PUEBLO
FARC-EP