NO OCULTAMOS NUESTROS ERRORES Y NUESTRO DOLOR

Como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo, reconocemos ante las comunidades rurales de Colombia, la opinión nacional e internacional, que, en el marco de una acción propagandística sobre la vía Panamericana que derivó en una confrontación contra fuerzas militares en la vereda El Túnel de Cajibío, Cauca, se produjo un lamentable incidente que causó la muerte y heridas a civiles que no tienen ninguna vinculación con la guerra, muchos de ellos humildes campesinos conocidos que por años vieron transitar y construir patria a las FARC-EP. Este hecho, derivado de errores en la maniobra militar en medio de los combates, es contrario a nuestra historia de lucha. El terrorismo como ejercicio político nada tiene que ver con el accionar de las FARC-EP. Los hechos en el Cauca, lamentablemente, tuvieron efectos colaterales que no pudimos controlar; no son premeditados. Aun así, con profundo dolor debemos asumir la responsabilidad política por este error táctico, que no tiene justificación alguna. Ofrecemos nuestras más sentidas condolencias a las víctimas y sus familias. Desde el primer momento nos pusimos a disposición de las comunidades afectadas y así seguiremos.

Este doloroso incidente no puede entenderse fuera de la lógica de más de seis décadas de guerra interna, marcada por la ausencia de canales democráticos para las formas de oposición política o social, la concentración de la tierra y la riqueza, y la exclusión política del pensamiento divergente. La violencia, incluyendo los trágicos errores que cometemos las partes, es hija de un conflicto social y armado que ningún gobierno ha querido resolver de fondo atacando sus causas estructurales. Las FARC-EP hemos demostrado a lo largo de la historia que nuestra apuesta es y ha sido la solución política del conflicto social y armado. Las élites y los gobiernos de turno han insistido en reducir a las FARC-EP a una banda criminal, negando nuestra condición de fuerza político-insurgente con arraigo en los territorios y propuesta programática nacional. Cuando se desconoce nuestra naturaleza política, el Estado cierra las puertas al diálogo y profundiza la espiral de violencia, en la que siempre terminan los civiles en medio del fuego cruzado.

Es hora de desescalar la confrontación. Insistimos en la necesidad y urgencia de buscar modos de solución política que eviten el derramamiento de sangre de más colombianos. Por ello, más allá de la instrumentación política y mediática —que en campaña azuzan los coros guerristas de la ultraderecha para confundir y hacer que los colombianos caigan en la trampa de la venganza y el horror de la guerra, reviviendo así la siniestra política de la seguridad democrática—, llamamos al pueblo colombiano a retomar la bandera de la paz, que el gobierno del cambio bajó tan pronto se alineó con los intereses del imperialismo norteamericano para enfilar sus operaciones paramilitares contrainsurgentes en todo el territorio nacional, y que hoy tienen al país en un nuevo ciclo de accionar bélico. Reconocer nuestros errores no nos hace menos responsables de los actos, como tampoco callarnos ante la constante agresión que silenciosamente se ha desarrollado sobre zonas rurales por parte de las fuerzas militares y sus aliados paramilitares con sectores serviles que se lucran de la guerra.

No podemos ocultar ni justificar el error cometido. Nuevamente, a los familiares de las víctimas y a las comunidades afectadas en esta acción, nuestro más profundo sentimiento de condolencias y nuestra disposición para reparar, hasta donde nos lo permitan, el dolor causado.

Pueblo y dignidad: ¡Manuel Marulanda vive, la lucha sigue!

ESTADO MAYOR CENTRAL
FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA – EJÉRCITO DEL PUEBLO
FARC-EP

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