“El nuevo príncipe no puede ser un hombre, sino la voluntad colectiva organizada de los oprimidos”.
Antonio Gramsci
Cumplimos 62 años de lucha y resistencia armada. Parece mucho si se observa desde la perspectiva de aquellos que niegan la existencia de las desigualdades históricas que obligan al ejercicio del sagrado derecho a la rebelión. En Colombia, es poco tiempo cuando vislumbramos este periodo con ojos revolucionarios. La rebeldía en Colombia lleva un poco más de cinco siglos, de los cuales con orgullo enarbolamos los últimos 62 años ofrendando nuestra vida por las causas de los desposeídos.
62 años de una insurgencia que surgió producto de la negativa del Estado colombiano a pactar mejores condiciones para el pueblo en general y el campesinado en particular; negativa que ha persistido a lo largo de estas décadas. Pasó con Galán el Comunero, pasó con Guadalupe Salcedo y cientos de hombres y mujeres que han ofrendado su vida por la revolución, y está pasando ahora con los anhelos de transformación del pueblo colombiano.
Somos hijos de una Colombia herida en las profundidades de sus entrañas, nación que desde su nacimiento ha estado marcada por decisiones criminales y ególatras, donde los gamonales políticos y oligarcas han hecho y deshecho en esta sagrada tierra, donde han secado los raudales del Magdalena y el Cauca para dar avance al “futuro”, que no es de oro ni plata: es destrucción de nuestro ambiente, de nuestra tierra y nuestro arraigo en ella.
Somos y seguiremos siendo el sagrado derecho de la rebelión en contra de la opresión y la tiranía que mantienen a nuestra madre Colombia presa. Por eso, no hemos cambiado ni un punto ni una coma de nuestros principios revolucionarios, porque esta es una guerra no contra el soldado o el policía: es contra un sistema que pretende someter a un pueblo que está cansado de tanta injusticia.
Seguiremos insistiendo en esta lucha, porque hoy la patria y el continente requieren con mayor vehemencia de nuestra resistencia, cuando las garras del imperialismo apuestan por volver nuestras patrias estados adjuntos del imperio norteamericano. Se hace necesaria una guerrilla que enfrente con rigor los propósitos intervencionistas del imperio yanqui y sus aliados sionistas.
Seguiremos en pie de lucha, proponiendo y exigiendo las transformaciones económicas y sociales estructurales que nos lleven a construir lo que algunos califican de utopía, y que los de abajo, los olvidados y los excluidos señalamos como certeza futura, en una realidad por una Colombia donde quepamos todos y todas; que solucionemos los problemas históricos que nos atan a políticas anacrónicas y arrodilladas, donde avancemos hacia la construcción de un socialismo real. No nos debe asustar la idea de avanzar juntos a la industrialización, tecnificación y profesionalización de nuestras gentes en un entorno de justicia social y redistribución de la riqueza que generamos los trabajadores y de la que se apropia el burgués y el oligarca. Con ello emergeremos como potencia regional en producción agrícola, tecnológica y energética.
Reiteramos nuestro llamado de paz. Que las mariposas amarillas no se queden en los viejos libros de nuestro Nobel de literatura como símbolo del amor imposible, sino que simbolicen la esperanza de lo alcanzable y realizable: que las madres puedan alimentar a sus hijos todos los días; médicos con las condiciones y suministros para salvar vidas; escuelas y universidades que enseñen a pensar y a soñar de la mano de la ciencia y el conocimiento en beneficio colectivo y no como ejercicio de instrumentalización utilitarista de unos pocos; que las Fuerzas Militares sean patriotas y bolivarianas, defendiendo la soberanía sobre los intereses extranjeros, esos que convierten en mercenarios a los hijos de los pobres manteniendo una guerra fratricida en nuestra tierra. Y, por último, que la paz sea real, para todos y todas, y no como un eslogan de campaña o la máscara de una falsa solidaridad de ONG que viven de nuestra tragedia, o peor aún, de políticos que venden en campaña la falsa idea de que la paz es debilidad de un gobierno, y que la única salida a los problemas de la nación son la confrontación y el terrorismo de Estado contra el pueblo, guerra impulsada por políticos criminales, paramilitares y mafiosos que nunca van a la batalla ni envían a sus hijos, solo viven como vampiros de la sangre de los pobres que se encuentran en los campos de batalla. Nosotros, por antonomasia, somos un partido político en armas luchando por la paz con justicia social, creando las condiciones para que esa paz sea posible.
Hacemos el llamado desde las selvas, las playas, las sabanas y las montañas de Colombia, como un grito de esperanza y anhelo, como una arenga para la organización y unidad de la izquierda revolucionaria, para decirle al mundo que consolidaremos el sueño de Bolívar: una nueva Colombia y una América soberana del yugo imperialista.
A los rebeldes de la América toda, este es un llamado para construir un continente a la altura de nuestros sueños. A los pueblos del mundo le decimos que el camarada Manuel vive en nuestra lucha y en cada revolucionario que sueña con una Colombia libre, soberana y en paz con justicia social.
Hoy, con todos los rebeldes y revolucionarios del mundo, celebramos otro año con la frente en alto, otro año de digna lucha enmarcado por el cambio de los tiempos que auguran la caída del imperio, la consolidación de la resistencia y la dignidad que nace contra el dolor del genocidio, del hambre y la opresión.
¡¡¡Juramos vencer y venceremos!!!
Montañas y ciudades de Colombia.
Pueblo y dignidad: ¡Manuel Marulanda vive, la lucha sigue!
SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL
FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA – EJÉRCITO DEL PUEBLO
FARC-EP